Domingo, 22 de Octubre del 2017


FBI confirma que investiga al equipo de Trump

Publicado el 20/03/17

Los escándalos de espionaje han entrado en rumbo de colisión con el presidente de Estados Unidos. En su comparecencia ante la Cámara de Representantes, el director del FBI, James Comey, no sólo desmintió su acusación de que Barak Obama hubiese espiado a Donald Trump, sino que admitió que su departamento investiga los nexos entre el Kremlin y el equipo del multimillonario. Unas pesquisas cuya mera existencia ponen contra las cuerdas a Trump y resucitan el espectro de Vladímir Putin en la Casa Blanca. “Si es cierto, estaríamos ante una de las mayores traiciones a la democracia”, afirmó el congresista demócrata Adam Schiff.

El futuro del presidente de Estados Unidos se juega ahora mismo fuera de la Casa Blanca. Dos comités parlamentarios y el propio FBI investigan la trama rusa. El primer paso de este gigantesco cerco se dio ayer en la Cámara de Representantes. Su Comité de Inteligencia, bajo control de los republicanos, llamó a declarar a Comey y al director de la Agencia de Seguridad Nacional, el almirante Michael S. Rogers.

Ambos fueron interrogados con hierro en la mano. Se les preguntó y repreguntó a favor y en contra de Trump. Las filtraciones a la prensa, las conexiones con el Kremlin, los motivos para investigar… Todo cayó bajo el fuego cruzado de los congresistas.

Tanto Comey como Rogers se mantuvieron firmes. No dieron detalles y evitaron hacer publico cualquier atisbo de información secreta. Pero en el caso del director del FBI saltó la chispa. En contra de la tradición de no informar sobre investigaciones en curso, decidió hacer una excepción. “En estas circunstancias extraordinarias, dado el interés público, es apropiado hacerlo”, dijo. Y fue entonces cuando prendió las dos mechas.

Primero señaló que no hay pruebas de que hubiese grabaciones a Trump ordenadas por el anterior presidente, en contra de lo que mantuvo a principios de mes el multimillonario. Y después, confirmó la existencia de la investigación sobre la trama rusa. Una bomba de relojería si aparecen indicios de que hubo algún tipo de colaboración entre Putin y el equipo del presidente. “La NSA y el FBI dicen al Congreso que Rusia no influyó en el proceso electoral”, tuiteó inmediatamente Trump en una extraña interpretación de las comparecencias, pero que dejaba al descubierto su alto grado de preocupación.

El ciberataque ruso contra Hillary Clinton se ha vuelto una pesadilla para la Casa Blanca. La pregunta general, que se hacen hasta los republicanos, es si el equipo de Trump estuvo implicado. Las extrañas conexiones de los hombres de presidente con el Kremlin han abonado las sospechas y derivado en escándalos de calibre mayor. En febrero, el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, tuvo que dimitir al conocerse que ocultó que había negociado con el embajador ruso en Washington la respuesta a las represalias de Obama. Semanas después, el fiscal general, Jeff Sessions, y responsable último del FBI, tuvo que recusarse de cualquier investigación abierta sobre la conexión rusa. El motivo fue haber mentido al Senado sobre sus reuniones con el legado ruso.

“Es posible que todos estos eventos e informaciones estén completamente desvinculados y no sean más una desafortunada coincidencia. Es posible. Pero también cabe que no estén desvinculadas. Entonces estaríamos ante una de las mayores traiciones a la democracia de la historia”, afirmó el demócrata Schiff.

Ante el avance del escándalo, Trump intentó un doble giro. Por un lado, acusó públicamente al FBI de incompetencia por no detener las filtraciones sobre el caso ni dar con sus responsables. Y al mismo tiempo, lanzó un gigantesca cortina de humo al afirmar que su predecesor le había espiado . “Qué bajo cayó el presidente Obama al grabar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate”, escribió en un tuit el 4 de marzo.

Aunque sus invectivas distrajeron momentáneamente la atención, poco a poco el ataque se ha vuelto contra su autor. Más allá de una serie de artículos conspirativos aparecidos en medios ultramontanos, la Casa Blanca ha sido incapaz de fundamentar la imputación. Figuras del bando republicano, como John McCain, le han restado credibilidad y el propio presidente del comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Devin Nunnes, sostuvo que no hay pruebas de tal espionaje. El último golpe le vino del propio Comey, quien rompió la tradición de informar de investigaciones en curso.

Aunque en la comparecencia, los representantes republicanos quisieron derivar el caso a las filtraciones a la prensa, la declaración de que el FBI no tiene pruebas que avalen las acusaciones de Trump y de que se están investigando las conexiones de su equipo con el Kremlin, volvieron a centrar el escándalo en el centro de la diana: Donald Trump.

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