Lunes, 21 de Agosto del 2017


El panorama de la Juventud Rural en Colombia

Publicado el 12/08/17

Según el diagnóstico realizado por el Grupo de Diálogo Rural, el 25% población que habita en las zonas rurales es joven y de ellos, aproximadamente el 12% migra a los centros urbanos. Las mujeres jóvenes rurales tienen menos oportunidades laborales y salariales. 

Agosto 11 de 2017. En Colombia se estima que 2,6 millones de jóvenes entre los 14 y los 28 años habitan en las zonas rurales, es decir el 24.5% de la población total rural. Esta cifra equivale al número de habitantes de ciudades como Cali o Medellín, pero los jóvenes rurales, a diferencia de los habitantes en estas ciudades capitales, no cuentan con la misma oferta de servicios y programas.  Debido a la dificultad para acceder a educación postsecundaria, a trabajos formales y la falta de oportunidades, se estima que cerca del 12% de los jóvenes rurales migra a los centros urbanos en busca de mejores oportunidades.

Estos datos, extraídos de la encuesta de Calidad de Vida –ECV- de 2015 hacen parte del diagnóstico sobre Juventud Rural elaborado por el Grupo de Diálogo Rural (GDR), una red de expertos en temas rurales en Colombia que tiene como fin generar un diálogo sobre las políticas públicas para mejorar las condiciones de vida del mundo rural y enfrentar la pobreza de estos sectores. La iniciativa es liderada por el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural – Rimisp en conjunto con la Corporación PBA, y es financiada por el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas, FIDA.

El diagnóstico analizó los datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), Estadísticas Vitales (EEVV), Encuesta de Calidad de Vida (ECV), Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), Registro Único de Víctimas (RUV) y la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) para realizar conocer de los aspectos más relevantes de la juventud rural en relación con sus características sociodemográficas, condiciones educativas y de inserción en el mercado laboral con miras a generar recomendaciones de política pública al gobierno actual y entrante.

Características demográficas de los jóvenes rurales 

Entre los jóvenes rurales, el índice de masculinidad (108) es superior al de los jóvenes que habitan en zona urbana (97,8), lo que sugiere que la migración de mujeres jóvenes del campo a la ciudad es superior a la de los hombres, a razón de las mejores oportunidades laborales y productivas que encuentran los hombres en el campo en comparación con las mujeres.

En la región Pacífica y en la Amazonía y Orinoquía se observa el mayor porcentaje de población joven (26.6% y 28.8%, respectivamente), mientras que en la región Oriental 24.7% de la población es joven.

De otro lado, entre los grupos indígenas se observa una alta proporción de jóvenes de 26.3%, mientras que la proporción entre la población afrodescendiente es bastante similar a la del nivel nacional.

“De acuerdo con las proyecciones de población, hacia 2050 se espera que la proporción de jóvenes rurales disminuya a cerca del 20%. De hecho, entre 2005 y 2010 se observa una disminución en el porcentaje de jóvenes tanto en zona urbana como rural. En este periodo la proporción de jóvenes rurales disminuye 1,5 p.p. y la de jóvenes urbanos 0,9 p.p” señala el diagnóstico.

Pertenencia étnica 

El 21% de los jóvenes rurales pertenece a algún grupo étnico, mientras que este porcentaje es de solo 10% entre los jóvenes urbanos. Lo anterior es consistente con el hecho de que la mayoría de la población indígena reside en áreas rurales. Así, el 11.6% de los jóvenes rurales se reconoce como indígena y el 9.8% como afrodescendiente (2.6% y 7.8%, respectivamente, para los jóvenes en zona urbana).

De acuerdo con el informe sobre desigualdades en el perfil de salud de la población indígena del Ministerio de Salud, el Censo Nacional Agropecuario (CNA) encontró que 69.3% de la población indígena en la zona rural dispersa se encuentra en condición de pobreza multidimensional[1], lo cual representa aproximadamente 24 puntos porcentuales por encima de la incidencia de la población censada en el área rural dispersa de 45.6%.

En el caso de la población afrodescendiente, los resultados del CNA indican una incidencia de pobreza multidimensional de 58.2% en los territorios de comunidades negras, una proporción superior a la del rural disperso, pero inferior a la de los territorios indígenas (DANE, 2016). Consecuentemente, los jóvenes pertenecientes a estos grupos de población se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.

Pobreza 

La incidencia de la pobreza se viene reduciendo sostenidamente a nivel nacional tanto para zonas urbanas como rurales. Entre 2005 y 2015 la proporción de jóvenes rurales que se encontraba en situación de pobreza pasó de 53% a 39%, presentando una reducción de 27%. No obstante, debido a que la incidencia de pobreza disminuye más aceleradamente en zonas urbanas que en las rurales, el número de jóvenes pobres en la zona rural es considerablemente más alto que el de los jóvenes urbanos y la brecha se está ampliando cada vez más.

“Así, mientras que en 2005 la incidencia de pobreza para jóvenes rurales fue 1.3 veces la de jóvenes urbanos, en 2015 fue 1.6 veces la de los urbanos” afirmó Renata Pardo*, autora del diagnóstico.

En 2015, casi el 17% de los jóvenes rurales se encontraba en condición de indigencia o pobreza extrema. Este porcentaje es 3.5 veces superior al de los jóvenes en la zona urbana, de nuevo resaltando una disminución de la pobreza más acelerada en las zonas urbanas que en las rurales. La situación de indigencia o pobreza extrema indica que el ingreso percápita para estos jóvenes rurales ni siquiera es suficiente para satisfacer las necesidades básicas de alimentación.

Al analizar la incidencia entre jóvenes hombres y mujeres, se observan diferencias en detrimento de las jóvenes rurales. La proporción de mujeres en condición de pobreza es en promedio 5 puntos porcentuales superior a la de los hombres y, aunque entre 2005 y 2015 se observa una reducción en el número de jóvenes pobres, esta reducción ha sido más acelerada para los hombres (-27.8%) que para las mujeres (-25.9%). Similarmente, se evidencia una mayor proporción de mujeres jóvenes rurales en condición de indigencia. En 2015 todavía el 18.7% de las jóvenes vive en pobreza extrema, mientras que este porcentaje es de 15% para los hombres.

Nivel de educativo de los jóvenes rurales 

Las actuales condiciones educativas de los jóvenes rurales los pone en desventaja para continuar su ciclo de formación e insertarse en el mercado laboral. La GEIH de 2015 indica que el promedio nacional de analfabetismo de personas de 14 años y más se ubica en 4.9%, con un 3.3% en lo urbano y un 11% en la zona rural. Solo el 21% de los jóvenes rurales logra terminar la educación media y tan solo el 6% continúa con educación postsecundaria. De aquellos que lo hacen, casi el 50% no logra obtener título, el 44% obtiene título de técnico o tecnológico y solo un 6% logra el título universitario.

Entre los jóvenes rurales, las mujeres tienen un mayor nivel de escolaridad. “Vemos que el 8% de las mujeres alcanza algún nivel de educación postsecundaria, mientras que solo el 4% de los hombres jóvenes lo hace.” Entre los hombres jóvenes la necesidad de trabajar es la principal razón para no estudiar, mientras que para las mujeres, encargarse de los oficios del hogar y la falta de dinero ocupan las principales razones” puntualizó la investigadora.

Esto indica, no solo que las mujeres en las zonas rurales enfrentan más dificultades para encontrar un trabajo remunerado, sino también sugiere que en el campo sea más común que las mujeres deban encargarse de los oficios del hogar contribuyendo así a aumentar las cargas de cuidado para las mujeres rurales. Sumado a lo anterior, el 5.8% de las jóvenes rurales no estudia porque está embarazada, siendo este porcentaje aún más elevado entre las jóvenes rurales de 14 a 20 años (8.9%)

Salud sexual y reproductiva de las jóvenes rurales 

La salud sexual y reproductiva es un tema que requiere mayor atención en la zona rural dados los riesgos a los que se enfrentan las jóvenes a causa del inicio temprano de relaciones sexuales. El 27% de las jóvenes entre 20 y 24 años de edad tuvieron su primera relación sexual antes de los 15 años, presentándose un aumento del 44% frente al porcentaje de jóvenes que lo reportaron en 2010. Una de cada cuatro mujeres entre 15 y 19 años está embarazada o ha sido madre (1.6 veces la proporción de adolescentes en la zona urbana). El embarazo adolescente contribuye a perpetuar el ciclo de pobreza de las jóvenes rurales de varias formas: i) interrumpe el ciclo educativo, ii) representa riesgos para la salud de la madre y el bebé, y iii) introduce cargas económicas adicionales para las jóvenes, que con alta probabilidad no tienen autonomía o suficiencia económica, lo que se traduce en menores posibilidades de inversión en el desarrollo y educación de los menores.

Inserción laboral de los jóvenes rurales 

La tasa de ocupación de los jóvenes rurales en 2015 es del 51%, 6 puntos porcentuales inferior a la total rural del 57%. La diferencia en la ocupación entre jóvenes hombres y mujeres es bastante amplia; mientras que la ocupación de los hombres es del 70%, la de las mujeres es tan solo del 32%, menos de la mitad. Los datos indican, en general, una menor probabilidad de ocupación de las mujeres rurales y apoyan la evidencia de una dedicación mucho mayor a oficios del hogar. No obstante, según datos de la GEIH, entre 2005 y 2015 la tasa de ocupación de las jóvenes rurales se ha incrementado en un 19%, pasando 26% a 32% en ese periodo. La de los hombres, por el contrario, se ha mantenido alrededor del 70%.

El nivel de ocupación de los jóvenes rurales, en comparación con los de la zona urbana, es bastante similar, aunque las jóvenes en zona urbana logran una mayor ocupación (43%, 11 puntos porcentuales por encima de las jóvenes en zona rural) haciendo la brecha de ocupación entre hombres y mujeres mucho menor entre los jóvenes urbanos.

La tasa de desocupación entre los jóvenes rurales es de 6%, lo que está en concordancia con el total rural de la GEIH de 2015. Sin embargo, al desagregar entre hombres y mujeres, se evidencia una tasa de desempleo más alta para las mujeres de 7.5% en comparación con la de los hombres de 4.4%; lo que reafirma la ideas expuesta previamente respecto a las oportunidades laborales de las jóvenes rurales. En comparación con sus pares urbanos, la tasa de desempleo rural es menor tanto para hombres como para mujeres. Los jóvenes en zona urbana tienen una tasa de desempleo de cercana al 10%, de 8.5% para los hombres y de 11.1% para las mujeres.

Migración

Utilizando información de la Encuesta de Calidad de Vida de 2015, se estima que alrededor del 12% de los jóvenes rurales migran a la zona urbana. Entre los jóvenes que migran el 55% son mujeres, lo que sustenta la hipótesis de una mayor migración de mujeres rurales a las ciudades en busca de mejores oportunidades educativas y quizá laborales.

El 53% de las jóvenes rurales migra a la zona urbana por razones laborales y/o educativas: 31.3% lo hace en busca de oportunidades de trabajo y 21.8% por educación. Llama la atención que 28% de las jóvenes ha migrado por amenaza o riesgo para su vida, su libertad o su integridad física ocasionada por la violencia. No es este el caso de los hombres, aunque el porcentaje no es despreciable (13.4%), lo que conlleva a enfatizar en la necesidad de fortalecer el enfoque de género de las políticas dirigidas a los jóvenes.

En cuanto al nivel educativo, los jóvenes que migran a la zona urbana tienen en promedio 9.2 años de educación, mientras que el promedio para los jóvenes que permanecen en la zona rural es de 7 años.

“En términos generales, sabemos que las zonas rurales tienden a tener mayor incidencia de la pobreza, y una repercusión que nos preocupa es la ausencia de un empalme generacional con jóvenes rurales, dada su migración a las ciudades. Con este diagnóstico, estamos formulando estrategias de diálogo para formular recomendaciones de políticas públicas más incluyentes con este grupo poblacional” afirmó, Ángela Penagos, Directora de Rimisp Colombia.

“El Grupo Diálogo Rural Colombia, en alianza con la Red Nacional de Jóvenes Rurales, está trabajando en la elaboración de unos lineamientos de política pública para la juventud rural, los cuales se le presentarán a los funcionarios del gobierno nacional, de gobiernos territoriales y de las campañas presidenciales. Con ello, se busca incidir para que en el próximo Plan Nacional de Desarrollo se destaque la importancia de la juventud rural y se incorporen dichos lineamientos”, explicó Santiago Perry, Director Ejecutivo de la Corporación PBA y secretario técnico del Grupo.

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