Desde que en 2016 los colombianos fueron divididos entre “amigos” y “enemigos” de la paz, como maquiavélica y erradamente se llamó a quienes votaron “Sí” y a quienes votaron “No” en el plebiscito para refrendar el acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, el país quedó sumido en una polarización que ahora tiene la oportunidad de superar.
Esa polarización la encarnan el petrismo y el uribismo, que representan la izquierda y la derecha, y que se alimentan mutuamente, pues cada bando se nutre del miedo y el odio hacia el otro.
Es mucho el daño causado a Colombia por la polarización política, pues impide que haya acuerdos sobre lo fundamental; las pasiones nublan la vista y las acciones de quienes están a un lado y al otro no se enfocan en lograr el bienestar ciudadano, sino en ponerle trabas al contrario, para que le vaya mal.
Hay que admitir que millones de colombianos cayeron presos del fanatismo y, por cuenta de esta puja, la argumentación y el raciocinio a la hora de hablar de política fueron reemplazados por el insulto y la estigmatización.
En ese contexto, el paso a segunda vuelta de un candidato que está por fuera de los extremos representa la oportunidad de romper esa polarización tan dañina para el país.
Si Gustavo Petro sube al poder, se repetirá el esquema de estos cuatro años, durante los cuales el petrismo le apostó a incendiar el país con tal de que al presidente Iván Duque le fuera mal, sólo que ahora esa oposición extrema la ejercería el uribismo.
La presencia de Rodolfo Hernández en la segunda vuelta representa, entonces, la oportunidad de romper esa polarización irracional entre izquierda y derecha para que el país se una en torno a lo fundamental: acabar la corrupción.
Fuente: Diario Occidente
