Lima, ene. 27 del 2026. OpenAI planea entregar una inteligencia de alto nivel, conocida como GPT-5.2, para finales de 2027, un avance que promete cambiar cómo creamos y usamos software. Este modelo podrá realizar tareas complejas de programación, razonamiento y generación de contenido, y estará al alcance no solo de grandes empresas, sino también de individuos y startups.
La educación tendrá que adaptarse a esta nueva era. Los estudiantes deberán aprender a colaborar con sistemas inteligentes y no limitarse a métodos tradicionales, integrando la comprensión de herramientas avanzadas dentro de su formación académica. La habilidad de trabajar junto a la IA será tan importante como aprender los conceptos fundamentales que siempre han formado parte de la enseñanza tradicional.
En la creación de empresas, la IA abre oportunidades para democratizar el acceso a productos tecnológicos avanzados. Con apenas 100 o 1.000 dólares de inferencia, emprendedores podrán desarrollar software que antes requería equipos durante un año completo. Esto significa que la innovación deja de estar limitada por grandes presupuestos, y se fomenta un ecosistema donde más personas pueden participar en la creación de soluciones complejas.
“Diseña productos considerando que GPT-6 o modelos posteriores serán mucho más potentes”, afirmó Altman, señalando la necesidad de planificar con visión a largo plazo.
Construir solo soluciones para las limitaciones actuales podría dejar a las startups con herramientas poco escalables en el futuro. Planificar pensando en modelos futuros garantiza que los proyectos sean sostenibles y puedan aprovechar la evolución de la IA sin quedar obsoletos rápidamente.
Los modelos de IA serán generalistas. La inteligencia de estos sistemas será sorprendentemente flexible, permitiendo que un mismo modelo pueda programar, razonar y comprender lenguaje sin necesidad de especializarse en tareas puntuales. Esto simplifica la integración tecnológica en distintos sectores y favorece un uso más amplio y eficiente de la IA en la industria y la vida cotidiana.
El software dejará de ser estático. Los ordenadores podrán generar código al instante y adaptarse a las necesidades de cada usuario, personalizando herramientas y haciendo que la tecnología sea más útil y flexible en la vida diaria. Este cambio promete transformar la manera en que las personas interactúan con la tecnología y la forma en que se desarrollan soluciones digitales.
Sobre riesgos, Altman advierte que la IA puede fallar inesperadamente si se confía demasiado en ella. Cuando estos sistemas fallen, las consecuencias podrían ser graves si no se construye la infraestructura de seguridad adecuada. Esto refuerza la necesidad de combinar innovación con responsabilidad y supervisión constante.
En el mundo laboral, las entrevistas técnicas tradicionales perderán relevancia. Los empleadores comenzarán a valorar más la capacidad de resolver problemas complejos con ayuda de la IA que la memorización de algoritmos o conocimientos aislados. La colaboración con sistemas inteligentes se convertirá en la habilidad más demandada, y los procesos de contratación deberán adaptarse a esta realidad.
La privacidad sigue siendo un desafío. Altman señaló que sería útil que los modelos recordaran contexto entre aplicaciones, pero la exposición de datos personales sigue siendo delicada. Una opción es compartir “presupuestos de tokens” antes de revelar información completa, buscando un equilibrio entre utilidad y seguridad sin comprometer la confianza de los usuarios.
“Probablemente la universidad no sea el mejor uso de tu tiempo ahora mismo”, dijo el CEO de OpenAI, Sam Altman, en referencia a la educación superior frente a oportunidades inmediatas en IA.
Actualmente, crear proyectos reales puede ser más valioso que completar estudios formales. Este enfoque no descarta la universidad, sino que sugiere que la práctica y la innovación tecnológica ofrecen un aprendizaje significativo que puede aplicarse directamente en el mundo laboral y emprendedor.
Finalmente, en la investigación científica, la IA puede acelerar los descubrimientos, pero no reemplaza el juicio humano. Su uso autónomo debe ser supervisado, permitiendo avanzar en innovación sin comprometer la ética ni la responsabilidad, asegurando que los resultados tecnológicos se integren de manera segura y efectiva en la sociedad.