Lunes, 16 de Febrero del 2026
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China destina 80 millones en apoyo a Cuba para energía y otras necesidades

Publicado el 16/02/26

La crisis energética en Cuba ha entrado en una fase de reconfiguración geopolítica. Con un déficit de generación que deja sin cobertura hasta el 50% de la demanda nacional en determinados momentos, la isla ha visto cómo su histórico cordón umbilical con Venezuela se debilita bajo la presión sobre las navieras, obligando a un giro hacia Pekín.

A finales de enero de 2026, China autorizó una ayuda de US$80 millones destinada al sistema eléctrico y otras necesidades, pero el respaldo resulta insuficiente para revertir apagones que superan las 19 horas diarias.

 

Esta precariedad no solo paraliza la industria, sino que también actúa como detonante inflacionario, erosiona el salario mínimo y sitúa al país en un escenario de creciente inestabilidad social.

Deterioro estructural del sistema energético

La crisis responde a una combinación de factores acumulados que han debilitado el abastecimiento energético nacional. La interrupción del suministro desde aliados tradicionales y la caída de importaciones han dejado al país con envíos mínimos, mientras otras entregas fueron canceladas bajo presión internacional. La reducción del flujo externo y el déficit de combustible han provocado apagones prolongados, deteriorando servicios esenciales y logística urbana.

  • La actividad diaria se ve condicionada por interrupciones imprevisibles que pueden dejar hogares sin electricidad desde la madrugada, afectando rutinas domésticas y laborales.

  • En algunas zonas, el suministro apenas alcanza entre cuatro y seis horas al día, lo que limita el uso de equipamientos básicos y se reduce en consideración el consumo

  • Este deterioro energético, evidencia la magnitud de la dependencia del combustible para sostener la red eléctrica.

¿Qué impacto social tienen todos estos hechos?

El déficit energético tiene efectos inmediatos sobre la economía doméstica y el acceso a bienes básicos. La escasez de transporte limita el abastecimiento comercial, lo que ha disparado precios de productos esenciales en cuestión de horas. La imposibilidad de refrigerar alimentos o bombear agua agrava la precariedad, mientras el salario mínimo mensual queda lejos de cubrir el coste de una dieta adecuada y mucho menos de poder permitirse pagar una factura de la luz con el precio que tiene actualmente dada esta misma escasez.

La actividad productiva también se ralentiza por cortes eléctricos continuos que paralizan servicios clave. Sistemas informáticos, operaciones bancarias y atención hospitalaria se ven afectados por la inestabilidad energética. Aunque alejadas de realidades como fraudes en el suministro de energía en mercados liberalizados, estas consecuencias revelan un problema estructural donde la energía condiciona salud pública, movilidad y estabilidad social.

Posibles escenarios estratégicos y asistencia internacional

La respuesta institucional incluye la búsqueda de apoyo externo y la evaluación de cambios estructurales en el sistema eléctrico. Pekín ha aprobado ayudas destinadas al sector energético, mientras expertos estiman que una transición tecnológica requeriría inversiones multimillonarias y varios años de ejecución. El respaldo diplomático y financiero busca contener el deterioro de sectores estratégicos como turismo y aviación, fundamentales para la entrada de ingresos al país.

En este escenario, el debate energético se analiza a través de plataformas informativas y de consumo, donde la activación del suministro eléctrico doméstico se vuelve crítica frente a un sistema con capacidad limitada. El futuro de la crisis dependerá de la inversión, la diversificación de proveedores y la adaptación institucional, factores esenciales para evitar un colapso prolongado del sistema económico y social cubano.

Fuente: papernest.es



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