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El autocuidado comienza en la infancia y puede definir la calidad de vida en la vejez

Publicado el 22/07/26
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  • El autocuidado no consiste únicamente en atender una enfermedad, sino en adoptar hábitos diarios que permitan prevenir riesgos y conservar la autonomía durante toda la vida.

  • Fomentar la alimentación saludable, la actividad física, el uso adecuado de los medicamentos y los controles médicos desde la niñez puede reducir complicaciones futuras y favorecer un envejecimiento activo.

  • Para los adultos mayores, mantener la independencia, fortalecer las relaciones sociales y adaptar el hogar para prevenir caídas son algunas de las acciones que contribuyen a una mejor calidad de vida.

Perú, 22 de Julio de 2026. Aunque con frecuencia el cuidado de la salud se asocia con acudir al médico cuando aparece una enfermedad, sin embargo, el verdadero impacto sobre el bienestar comienza desde mucho antes. El autocuidado, entendido como el conjunto de decisiones y hábitos cotidianos que cada persona adopta para proteger su salud, es una práctica que debe fortalecerse desde la infancia y mantenerse durante toda la vida.

Desarrollar hábitos como una alimentación balanceada, mantenerse físicamente activo, dormir adecuadamente, asistir a controles médicos periódicos y utilizar correctamente los medicamentos son acciones que ayudan a prevenir enfermedades, favorecen una mejor calidad de vida y una mayor autonomía en la adultez.

“El autocuidado comienza cuando entendemos que nuestra salud es una responsabilidad personal y que no podemos delegarla completamente en otros. Son las decisiones que tomamos todos los días las que realmente determinan nuestro bienestar a largo plazo”, afirma la doctora Alexandra Vega, gerente médica y de farmacovigilancia de Genfar.

El aprendizaje empieza desde la infancia

La infancia representa una de las etapas más importantes para formar hábitos saludables que acompañen a las personas a lo largo de su vida, la alimentación equilibrada, actividad física, protección frente al sol, vacunación, higiene, controles médicos y educación sobre el uso responsable de los medicamentos hacen parte de las conductas que pueden prevenir enfermedades y fortalecer el bienestar.

Sin embargo, la educación también juega un papel determinante, comprender por qué es importante completar un tratamiento, reconocer señales de alerta o asistir oportunamente a una consulta médica permite que las familias tomen decisiones informadas y contribuyan a mejores resultados en salud.

Llegar a la vejez con mayor independencia también se construye

En los adultos mayores, el autocuidado adquiere un significado adicional, conservar la independencia el mayor tiempo posible. Permanecer activos física y socialmente, mantener vínculos con familiares y amigos, seguir una alimentación adecuada y cumplir correctamente los tratamientos médicos son algunos de los pilares para favorecer un envejecimiento saludable.

En este proceso, las familias y los cuidadores cumplen un papel fundamental, ya que muchos confunden apoyar al adulto mayor con reemplazar sus capacidades, la idea de esto es acompañarlo en su día a día para que continúe realizando por sí mismo aquellas actividades que puede desempeñar.

“Muchas veces creemos que cuidar significa hacer todo por la persona mayor, cuando realmente cuidar también implica permitirle seguir siendo independiente. Mantenerse activo física, mental y socialmente es uno de los factores que más contribuye a una mejor calidad de vida”, explica la doctora Vega.

Pequeños hábitos que hacen la diferencia

Uno de los aspectos más importantes del autocuidado es el uso adecuado de los medicamentos. Respetar las dosis y los horarios indicados, completar los tratamientos, conservar los medicamentos en sus empaques originales y evitar consumir productos vencidos son medidas que contribuyen a la seguridad del paciente y a la efectividad del tratamiento.

En el caso de los adultos mayores que viven solos, herramientas sencillas como alarmas en el celular, asistentes virtuales o recordatorios visibles dentro del hogar pueden facilitar la adherencia al tratamiento y disminuir los olvidos.

Cada año el 30 % de las personas mayores sufren al menos una caída y el riesgo aumenta al 42 % con los años, mientras que los niños tienen más probabilidades de sufrir caídas debido a su etapa de desarrollo, juego y curiosidad. Por lo que el entorno se convierte en parte fundamental del autocuidado, hacer adecuaciones como mejorar la iluminación, retirar obstáculos o tapetes que puedan provocar caídas, instalar barras de apoyo en baños y escaleras y utilizar superficies antideslizantes ayudan a reducir accidentes en adultos mayores y niños.

Promover estos hábitos desde edades tempranas y mantenerlos durante toda la vida permite construir una cultura de prevención, en la que el bienestar no dependa solo del sistema de salud, sino que también dependa de las decisiones que cada persona tome diariamente.



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