Lima, 12 de agosto de 2026. El reciente terremoto de 7.5 grados registrado en Colombia vuelve a poner sobre la mesa uno de los mayores desafíos que enfrentan los equipos de emergencia después de un desastre: cómo ingresar rápidamente a estructuras dañadas sin poner en riesgo a los propios rescatistas. En situaciones donde una edificación puede colapsar nuevamente o existen espacios demasiado estrechos para una persona, los perros robots pueden convertirse en una herramienta de apoyo para explorar el terreno y obtener información antes del ingreso de los equipos humanos.
Uno de estos equipos es Alqo, un robot cuadrúpedo que puede desplazarse sobre superficies irregulares y acceder a espacios de difícil ingreso. Su sistema de cámaras permite transmitir imágenes del entorno en tiempo real, mientras que el sensor LiDAR del modelo Go2 Pro genera información tridimensional sobre la geometría del lugar.
Esta tecnología puede utilizarse en edificaciones parcialmente colapsadas, espacios confinados o zonas donde persista el riesgo de réplicas. El LiDAR permite construir una representación tridimensional del entorno y registrar cambios en la geometría de una estructura, mientras que las cámaras complementan esta información con una inspección visual.
Además, la plataforma puede incorporar sensores especializados, como cámaras térmicas, detectores de dióxido de carbono o micrófonos de alta sensibilidad, que podrían ayudar a identificar indicios de personas atrapadas entre los escombros.
Una herramienta de apoyo al rescate
La incorporación de robots cuadrúpedos no significa reemplazar a los equipos humanos ni a los perros de búsqueda y rescate. Estos últimos mantienen una ventaja fundamental, su capacidad olfativa para detectar personas bajo los escombros.
“La ventaja de un robot es que puede ingresar, registrar y documentar sistemáticamente un escenario que podría ser peligroso para una persona. Pero no reemplaza las capacidades de un perro de rescate. Lo más efectivo sería utilizar ambos recursos de manera complementaria”, señala Luna.
Aunque todavía existen desafíos técnicos para ampliar su autonomía y garantizar su conectividad en escenarios donde las redes pueden haber colapsado, su principal aporte está en reducir la exposición de los equipos de rescate durante las primeras evaluaciones de una zona afectada.
Para Ana Luna, este tipo de tecnología plantea una oportunidad concreta frente a escenarios que el Perú conoce bien. “El reto no es solamente aprender a manejar un robot, sino saber qué información necesitamos obtener y cómo utilizarla para tomar decisiones técnicas. En un país como Perú, expuesto a sismos y otras emergencias, esta tecnología puede convertirse en un importante apoyo para evaluar rápidamente una zona antes de exponer a los rescatistas”, sostiene.
