España bate récords renovables mientras los consumidores se preparan para pagar más. La contradicción no es un error del sistema: es el sistema.
España llegó a registrar un precio histórico de -10 euros por megavatio hora, mientras la energía solar fotovoltaica acaparaba más del 63% de la generación en horas de máxima radiación. Un hito que debería traducirse en facturas más baratas. No lo hace.
La razón es tan sencilla como indignante:
El precio del mercado mayorista representa únicamente el 41% de lo que el ciudadano paga.
El 59% restante son peajes, cargos de sistema e impuestos que no aparecen en los titulares, pero sí en el recibo mensual.
Aunque la generación renovable reduzca los costes a mínimos históricos, el precio de la luz que llega al consumidor final apenas se inmuta.
Y la trampa se cierra con elegancia burocrática: el despliegue renovable moderó la inflación al 3,2%, lo que activó automáticamente la cláusula de desactivación del decreto anticrisis. El escudo funcionó tan bien que se desactivó a sí mismo. Desde junio, el IVA de la luz vuelve al 21%.
Durante el día, la hora valle energética es una realidad objetiva: el precio medio al mediodía ronda 1,65 euros el megavatio hora, con la energía solar cubriendo el 67% de la demanda durante seis horas seguidas. Pero ese idilio termina al anochecer.
Con la caída del sol, el panorama cambia por completo:
El agua cubre apenas el 21% de la demanda nocturna y el viento solo el 13%.
La electricidad nocturna cuesta un 57% más que al mediodía.
Son las centrales de gas y carbón las que fijan entonces el precio real de la factura.
El verano agrava todo: el calor penaliza los paneles solares y el aire acondicionado dispara la demanda.
Con los almacenamientos europeos de gas al 37%, las previsiones sitúan el precio de la luz hoy y en el tercer trimestre entre 82 y 86 euros el megavatio hora, un 35% por encima del verano anterior. Los precios indexados al mercado mayorista trasladarán ese golpe directamente a quienes tienen tarifa variable.
Más del 75% de la energía negociada en España circula por contratos bilaterales a precio fijo. Sin embargo, el 25% restante (el que cotiza en el mercado marginalista) es el que determina el precio de toda la factura. La minoría impone su lógica a la mayoría.
Cuando la energía solar abarata la electricidad al mediodía, los consumidores españoles no pueden aprovecharla por falta de incentivos reales y contadores inteligentes. El excedente lo compran Francia y Portugal, y esa exportación, por el mecanismo de acoplamiento europeo, termina empujando al alza los precios domésticos.
España exporta energía barata y recibe a cambio el precio europeo. El problema no es la transición energética: es quién está pagando por ella.
Fuente: papernest.es
