Especialista advierte que el exceso de peso en la infancia puede desencadenar problemas de salud desde edades tempranas y destaca la importancia de intervenir a tiempo con un enfoque integral.
Lima, 10 de Junio del 2026.- Cada vez son más los niños que enfrentan problemas de peso a edades tempranas. Lo preocupante es que, en muchos casos, el sobrepeso infantil sigue siendo visto como una etapa pasajera o incluso como una señal de buena salud, cuando en realidad puede ser el inicio de una serie de complicaciones físicas y emocionales que acompañarán al menor durante gran parte de su vida.
Un reciente estudio del Ministerio de Salud (MINSA), a través del Instituto Nacional de Salud (INS), reveló que durante el 2025 más de 149 mil niños menores de cinco años fueron diagnosticados con exceso de peso en establecimientos de salud públicos. La cifra representa un incremento respecto al año anterior y evidencia una tendencia sostenida en el aumento del sobrepeso y la obesidad infantil en el país.
“La obesidad infantil no debe minimizarse ni considerarse un problema exclusivamente estético. Estamos frente a una enfermedad que puede afectar el desarrollo físico, metabólico y emocional de los niños, incrementando el riesgo de padecer diabetes, hipertensión, trastornos del sueño y otras enfermedades a edades cada vez más tempranas”, explica el Dr. Erick Piskulich, especialista en cirugía bariátrica de la Clínica Avendaño.
Pero, ¿qué está pasando para que cada vez más niños presenten exceso de peso? De acuerdo con el especialista, se trata de un fenómeno multifactorial donde confluyen cambios en los estilos de vida, una menor actividad física y hábitos alimentarios cada vez más alejados de una nutrición equilibrada. A ello se suma el incremento del tiempo frente a pantallas, la reducción de espacios para el juego al aire libre y el consumo frecuente de productos ultraprocesados con altos niveles de azúcar, sodio y grasas.
“El problema no empieza de un día para otro. Muchas veces vemos niños que pasan varias horas frente a dispositivos electrónicos, realizan poca actividad física y tienen acceso constante a bebidas azucaradas o alimentos altamente procesados. Cuando estas conductas se vuelven parte de la rutina familiar, el riesgo de desarrollar obesidad aumenta significativamente”, señala.
Asimismo, el Dr. Piskulich, sostiene que uno de los errores más frecuentes es esperar a que el niño crezca para recién actuar. Sin embargo, la intervención debe comenzar desde el momento en que se detectan señales de alerta relacionadas con el crecimiento, el peso o los hábitos de alimentación. “Esto no significa pensar inmediatamente en medicamentos o procedimientos, sino realizar una evaluación médica que permita identificar las causas y establecer estrategias adecuadas para cada caso”, añade.
En ese sentido, destaca que el abordaje debe ser multidisciplinario e involucrar tanto a la familia como a distintos profesionales de la salud. Nutricionistas, pediatras, psicólogos y especialistas médicos cumplen un rol fundamental para promover cambios sostenibles en el tiempo. “No se trata de poner a un niño a dieta, sino de construir hábitos saludables que involucren a todo el entorno familiar. Los menores aprenden observando lo que ocurre en casa, por lo que los padres tienen un papel determinante en la prevención y el tratamiento”, afirma.
Entre las principales recomendaciones para reducir el riesgo de obesidad infantil figuran fomentar la actividad física diaria, limitar el tiempo frente a pantallas, priorizar el consumo de frutas y verduras, reducir las bebidas azucaradas y promover horarios regulares de alimentación y descanso. Estas medidas, aunque parecen simples, pueden generar un impacto significativo en la salud de los menores.
“La obesidad es una enfermedad crónica que puede comenzar desde la infancia. Mientras más temprano actuemos, mayores serán las posibilidades de prevenir complicaciones futuras y mejorar la calidad de vida de los niños. La clave está en entender que no es un problema de apariencia física, sino un tema de salud que requiere atención, acompañamiento y compromiso familiar”, concluye el Dr. Piskulich.
