
Mientras Europa debate su transición energética, un paÃs de menos de un millón de habitantes en América del Sur se ha convertido silenciosamente en uno de los proveedores de crudo más importantes del mundo, y España ya lo siente en sus tuberÃas.
Guyana, con apenas 840.890 habitantes, ha protagonizado uno de los ascensos energéticos más vertiginosos de la historia reciente. En apenas siete años ha pasado de ser un paÃs sin industria petrolera a producir en promedio 900.000 barriles diarios en 2026, superando incluso su propia cifra de habitantes. Y lo más llamativo: ya es el décimo paÃs que más petróleo exporta a España, a pesar de llevar menos de un año vendiendo crudo.
Guyana solo lleva produciendo crudo desde 2019, cuando partÃa de menos de 100.000 barriles diarios. El salto ha sido histórico:
+25,8% de crecimiento entre 2025 y la actualidad, consolidando una expansión sin precedentes.
A finales de 2026 se espera alcanzar el millón de barriles diarios con una nueva planta petrolera.
Desde sus inicios, el aumento total supera el 800%.
En marzo de 2026, la producción media se situó en 910.000 barriles diarios.
El techo aún no está a la vista, y ningún análisis serio se atreve a fijar un lÃmite a su expansión.
Entre julio de 2025 y marzo de 2026, Guyana le vendió a España 2,07 millones de toneladas de petróleo, superando a Venezuela, Kazajistán o Angola. Los principales proveedores siguen siendo Estados Unidos, Nigeria, México y Brasil, pero la irrupción de Guyana en el top 10 en tan poco tiempo es una señal difÃcil de ignorar.
El precio del gasóleo y la seguridad del suministro siguen pesando más que cualquier agenda climática. El impacto directo de este nuevo flujo de crudo transatlántico se refleja inevitablemente en el precio del gas natural que pagan los hogares españoles.
Para los defensores del libre mercado, Guyana es el ejemplo perfecto de cómo los recursos naturales pueden transformar una economÃa, disparando su renta per cápita un 700% entre 2015 y 2024. Para los crÃticos, es la nueva maldición del petróleo esperando acontecer.
Lo que resulta innegable es que, mientras Europa construye parques eólicos, financia biocombustibles y promueve activamente reducir el consumo energético, paÃses como España siguen firmando contratos con nuevos productores de crudo. El discurso verde y la realidad energética caminan, una vez más, en direcciones opuestas.