
Lima, 25 de Julio del 2026.- Hablar, respirar o alimentarse pueden verse comprometidos por un grupo de enfermedades que la mayoría de las veces no se detectan a tiempo. Los cánceres de cabeza y cuello comprometen zonas del organismo y pueden avanzar de forma silenciosa cuando no se identifican de manera oportuna.
No se trata de una sola enfermedad, sino de diversos tumores que pueden desarrollarse en los labios, la cavidad oral, la garganta, la laringe, la nariz, los senos paranasales y/o las glándulas salivales. Todas estas estructuras cumplen funciones esenciales, por lo que su afectación impacta directamente en la calidad de vida del paciente.
“Los cánceres de cabeza y cuello pueden comprometer órganos como la boca, la garganta y las cuerdas vocales, afectando funciones básicas como hablar o alimentarse”, explicó el Dr. Mauricio León Rivera, director de la Liga Contra el Cáncer y cirujano oncólogo de la Clínica Ricardo Palma.
El especialista señaló que el humo del tabaco contiene sustancias cancerígenas que dañan directamente estos tejidos y generan alteraciones celulares. A esto se suma el consumo de alcohol, que irrita las mucosas y facilita la absorción de compuestos tóxicos, incrementando el riesgo cuando ambos factores se combinan.
Asimismo, indicó que el virus del papiloma humano (VPH), que puede transmitirse a través del contacto íntimo, incluido el sexo oral, también se ha vinculado con el desarrollo de cáncer en la garganta.
Uno de los principales problemas es que los síntomas iniciales suelen ser ignorados. Lesiones en la boca que no cicatrizan, cambios persistentes en la voz, dificultad para tragar o la presencia de bultos en el cuello pueden confundirse con afecciones comunes, retrasando el diagnóstico.
“El problema no es que estos cánceres no den señales, sino que muchas veces no se les presta atención. Cuando un síntoma persiste, es fundamental acudir a una evaluación médica oportuna con la especialidad de cabeza y cuello”, añadió.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer de Cabeza y Cuello, que se conmemora cada 27 de julio, el llamado es reducir los factores de riesgo, no minimizar ningún síntoma y acudir a un especialista ante cualquier señal persistente, puede marcar la gran diferencia.