
Lima, 06 de Abril de 2026 – En el marco del DÃa Mundial de la Salud (7 de abril), la conversación sobre el bienestar humano debe trasladarse al origen de los alimentos: el campo. Proteger la sanidad de los cultivos ha dejado de ser una tarea puramente agronómica para convertirse en una prioridad de salud pública. Una planta enferma no solo reduce la productividad agrÃcola, sino que compromete la inocuidad de los alimentos y eleva los precios, afectando directamente la nutrición de la población.
Las cifras globales evidencian la magnitud del desafÃo. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta un 40% de la producción agrÃcola mundial se pierde cada año a causa de plagas y enfermedades. A esto se suma que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 600 millones de personas enferman anualmente por consumir alimentos contaminados, lo que subraya la urgencia de garantizar cadenas de suministro seguras desde la siembra.
En el Perú, este desafÃo global es tangible. Cultivos clave para la seguridad alimentaria, como el arroz, demandan anualmente 430,000 hectáreas cosechadas para sostener el consumo nacional, según reportes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). Sin embargo, el agricultor se enfrenta hoy a un clima sumamente variable que eleva la presión de enfermedades fúngicas graves. Mitigar estas amenazas exige el uso de herramientas de protección, lo que nos lleva a otro pilar indispensable de la salud pública: el cuidado de quienes aplican estas tecnologÃas en el campo.
Producción responsable en el campo
La salud dentro del ecosistema agrÃcola no solo depende del buen manejo de los cultivos, sino también de la protección integral de quienes trabajan la tierra. En este contexto, los Equipos de Protección Personal (EPP) cumplen un papel esencial: minimizar la exposición a riesgos fÃsicos, quÃmicos y biológicos, garantizando que las labores agrÃcolas se realicen de forma segura y sostenible.
Por ello, empresas como BASF promueven el modelo de Smart Stewardship (custodia inteligente), una propuesta que trasciende la simple entrega de EPP. Este enfoque combina la dotación adecuada de equipos con asistencia técnica permanente, capacitación y acompañamiento en el uso correcto de productos y herramientas.
Esta formación capacita al productor para aplicar tecnologÃas de forma segura, además de gestionar residuos adecuadamente, previniendo la contaminación de suelos y agua. En esa misma lÃnea ambiental, se promueve el reciclaje de envases agroquÃmicos mediante el programa Campo Limpio y se aplican protocolos preventivos como el método PEPS (Primero en Entrar, Primero en Salir) para evitar la acumulación de quÃmicos en desuso.
“Entendemos la agricultura como la base de la salud de la sociedad. Si el campo se enferma, la cadena de bienestar se rompe. Por ello, promover el acceso a tecnologÃas eficientes y la capacitación en producción responsable no es un esfuerzo meramente comercial, sino una acción estratégica para asegurar que los alimentos que llegan a nuestras familias sean seguros y de alta calidad”, señala Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
Asegurar este nivel de eficiencia integral requiere un compromiso a largo plazo con la investigación cientÃfica. El objetivo del sector es claro: ofrecer soluciones que optimicen el rendimiento agrÃcola, reduzcan drásticamente el impacto ambiental y garanticen que los alimentos lleguen sanos a la mesa. AsÃ, la innovación técnica reafirma que cuidar de los cultivos es el primer y más importante paso para cuidar de la salud pública.