
El padecimiento conlleva un promedio de 48 días de dolor anual, una realidad que la evolución médica permite transformar mediante tratamientos integrales que alivian los síntomas y tratan la enfermedad simultáneamente.
Lima, 23 de Abril de 2026. El dolor menstrual intenso no es un proceso natural que deba sobrellevar en silencio, aunque así se haya inculcado por generaciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la endometriosis afecta al 10 % de las mujeres en edad reproductiva a nivel mundial y cerca de 5 millones en Colombia. Pese a ser una cifra considerable, este padecimiento se mantiene como una de las condiciones más invisibilizadas, donde el tabú y la falta de información retrasan un diagnóstico vital hasta por siete años.
Esta afección, que ocurre cuando el tejido del útero crece fuera de éste de manera anormal, es hoy una de las principales causas de infertilidad, con un 40 % de casos asociados a la imposibilidad de concebir. Sin embargo, los prejuicios sobre la salud femenina hacen que estos síntomas sean pasados por alto, dilatando el diagnóstico por 7 años, en promedio.
El silencio y el tabú: las barreras para la salud femenina
Esta “cultura del silencio” ha convencido a muchas mujeres de que padecer dolores extremos es parte de su naturaleza. Bajo este panorama, surge un cuestionamiento necesario: ¿es aceptable que una mujer deba vivir bajo un dolor incapacitante un promedio de 48 días de los 365 que tiene el año? Normalizar que una persona pierda casi dos meses de su vida anual a causa de cólicos agudos no solo es un error médico, sino una barrera social que frena su desarrollo y bienestar.
Los especialistas advierten que la endometriosis es una enfermedad crónica que requiere atención médica y una validación de sus síntomas tanto por parte de las pacientes como de las autoridades.
“Antes se consideraba normal que la mujer soportara condiciones de dolor e incomodidad. Hoy entendemos que ninguna debe padecer por esto. Es necesario que la endometriosis sea tratada como una enfermedad crónica para que las mujeres no solo dejen de normalizar el dolor, sino que accedan a los derechos que les corresponden, como licencias por incapacidad o un manejo médico adecuado”, señala la doctora Alexandra Vega, gerente Médica y de Farmacovigilancia de Genfar.
Hacia un diagnóstico y manejo oportuno
El síntoma principal es una menstruación extremadamente dolorosa acompañada de sangrado abundante. Dado que la enfermedad no se puede prevenir, la clave está en la detección temprana, a través de un examen físico dirigido, que incluya exploración pélvica y la detección de puntos de dolor. Una vez comprobada la sospecha, el diagnóstico final se debe realizar mediante una ecografía transvaginal o laparoscopias, herramientas fundamentales para definir la gravedad de la enfermedad.
Si esta afección no se atiende, uno de los mayores peligros es la cicatrización que genera el tejido fuera de lugar, lo que afecta directamente la capacidad de concebir. Pasar años sin diagnóstico no solo deteriora la calidad de vida, sino que complica las opciones para quienes desean tener hijos.
Afortunadamente, el abordaje médico ha evolucionado. Hoy en día, existen opciones terapéuticas que permiten no solo mitigar el dolor, sino tratar la afección de manera integral. Al asistir a una cita médica, el profesional podrá determinar el camino a seguir, que suele incluir:
Esquemas farmacológicos: que actualmente permiten controlar la evolución de la enfermedad a la vez que alivian los síntomas.
Intervenciones quirúrgicas: en casos específicos definidos por el especialista.
Reposo y autocuidado: como complemento necesario al tratamiento médico.
“La recomendación para todas las mujeres es clara: tenemos que conocer nuestro propio cuerpo y no aceptar el dolor como algo inevitable. Ante cualquier síntoma, la atención médica es la única vía para retomar el control de la salud reproductiva y el bienestar emocional, el cual se ve muy afectado al vivir el día a día con dolor”, finaliza la doctora Vega.