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Los países que quieren decir adiós a las energías fósiles
April 23, 2026 Ecologia

Pocos medios prestaron atención el año pasado, cuando Colombia propuso una conferencia alternativa para hablar sobre cómo dejar de depender de los combustibles fósiles. La delegación colombiana lo anunció en noviembre, durante la conferencia anual de la ONU sobre el calentamiento global (COP30) en la ciudad amazónica de Belém, Brasil.

En ese momento, los reflectores estaban en las protestas indígenas y la frustración por una agenda estancada, ya que las decisiones en ese foro multilateral se tienen que tomar por consenso, y los países petroleros de nuevo bloqueaban cualquier avance.

Desde que EE. UU. e Israel atacaron a Irán y causaron disrupciones en la cadena de suministro de petróleo con un alza de los precios del combustible en muchos países, la situación geopolítica ha cambiado y la soberanía energética está en boca de todos. Por consecuencia, aumentó el interés en la conferencia co-organizada por Colombia y los Países Bajos que tiene lugar la ciudad caribeña de Santa Marta (Colombia) del 24 al 29 de abril.

Dejar afuera a los negacionistas y obstructores

De más de 50 países de todo el mundo acudirán políticos, empresarios y representantes de la sociedad civil para conversar sobre una hoja de ruta hacia una era postfósil. Entre los participantes estarán Alemania, Nigeria, Brasil, Dinamarca, Filipinas, Francia, Islas Marshall, Italia, México, Canadá, Reino Unido, Noruega y Australia.

No fueron invitados países, cuyos Gobiernos niegan el cambio climático o no tienen la voluntad de alejarse de las energías fósiles. Países como China y EE. UU. tampoco estarán, aunque de Norteamérica vendrán representantes de la coalición llamada “America is all in”, que reúne el 75 por ciento del PIB de EE. UU. entre estados, ciudades, empresas y universidades. Expertos consultados por DW consideran que el momento es propicio para dar un salto, aunque no será un camino sencillo.

A Pablo Bertinat, académico argentino y miembro del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, la conferencia le da esperanza de poder recuperar el debate sobre cómo reducir las energías fósiles en la matriz energética mundial. “Detrás de esto hay una gigantesca movida por años de planteamientos académicos y luchas sociales contra el fracking, la minería, las empresas petroleras, con muchas víctimas”, subraya Bertinat, profesor e investigador en la Universidad Tecnológica Nacional, en Argentina. “Empieza a tener una respuesta por parte de los Gobiernos”, indica a DW.

Pero dice tener “sentimientos encontrados” cuando ve los intereses diferentes y discusiones difíciles entre el Norte y el Sur global. “En los círculos académicos del Norte se debate mucho sobre la financierización (cuando los mercados financieros dominan sobre la economía real) y la economía verde”, comenta a DW. “Para el Sur, estas son falsas soluciones”.

Las divisiones también cruzan América Latina. “No hay una posición homogénea, algunos países como Brasil consideran que las energías fósiles son necesarias para financiar la transición, otros, como las islas del Caribe sufren las consecuencias y la crisis civilizatoria del modelo”, dice a DW Tatiana Roa Avendaño, investigadora colombiana de la organización ambiental Censat Agua Viva.

Hay que crear puentes entre ambos, propone Daniela Durán, una de las negociadoras colombianas. “Que todos pongan sus soluciones sobre la mesa para que esto funcione tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo”, sostiene en una sesión informativa vía Zoom en la que participó DW.

Destacó que el objetivo de la conferencia no es quedarse en el diagnóstico, sino pasar a la implementación y que se han recibido más de 600 soluciones concretas que se sistematizan en un documento para fomentar el intercambio de conocimientos.

El peligro del colonialismo verde

La conferencia se organiza en torno a tres áreas temáticas. Una de ellas se centra en el multilateralismo y la cooperación internacional. Allí se abordará, por ejemplo, la pertinencia o no de impulsar un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, una propuesta que apoyan ya 17 países y que aboga por poner tope a la extracción de petróleo, gas y carbón. El segundo tema se enfoca en cómo cambiar la matriz energética, del lado de la demanda y del suministro. Allí se abordarán temas como los subsidios a los combustibles fósiles. Y el tercer bloque tratará el tema de la justicia energética y un modelo económico dependiente de los combustibles fósiles.

Para Roa Avendaño, exviceministra de medio ambiente de Colombia, ese último punto es el más difícil porque toca temas culturales. “Vivimos en un mundo construido alrededor del petróleo, en una civilización petrolera”, dice a DW. “Hay que repensar eso y no se puede limitar a cambiar sencillamente de combustibles fósiles a renovables porque eso implica el riesgo de un nuevo colonialismo extractivista”, comenta, donde los países del Sur simplemente siguen proveyendo materia prima para el Norte, aunque la materia cambia de gas y petróleo a litio y tierras raras.

Para la experta colombiana, la conferencia se puede considerar exitosa si logra avanzar en cómo reducir los subsidios a las energías fósiles, como reducir el endeudamiento de muchos países y abrir caminos hacia una nueva arquitectura financiera. “En lo político, será un gran logro si se consolida una coalición con capacidad real de incidir en futuras negociaciones climáticas, capaz de encaminar reglas e incidir en los mercados”.

La negociadora Durán no lo ve imposible. “En la conferencia estarán países que representan aproximadamente un tercio del consumo mundial de combustibles fósiles y también proveedores importantes como Nigeria, México y Brasil”, comenta. “Esto pesa en la cadena de suministro, es una palanca que ojalá podamos usar”.

Sin embargo, Bertinat es escéptico al respecto. “Sería fabuloso, pero lo veo algo lejano”, comenta, señalando que, en muchos de estos países, incluyendo Colombia, las empresas petroleras son estatales y salir de la producción y exploración del petróleo tendría consecuencias directas para las arcas públicas. “Habría que transformar la cultura empresarial desde una lógica de mercado capitalista en una lógica de servicio público y de derechos”, advierte.

Sin embargo, también ve impulsos positivos, sobre todo en el sector no gubernamental. “Se están configurando redes amplias con cada vez más grupos, como los sindicatos y los movimientos contra la deuda, que se incorporan”, subraya.

Advierte que la salida de las energías fósiles no será un problema simplemente tecnológico, sino también social, político y ambiental. Y que no habrá soluciones únicas ni varitas mágicas como lo fue el petróleo durante más de un siglo. Las alternativas al gas y petróleo, enfatiza, serán locales, a la medida del lugar donde se implementan y las necesidades de sus habitantes. Un reto complejo, y fascinante .

(rml)

FUENTE: DW

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