
Mientras el uso de la IA crece en las aulas, la UNESCO recomienda que los menores de 13 años no utilicen de forma independiente herramientas de IA generativa.
Lima, 09 de Julio de 2026.– La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de millones de estudiantes, pero solo el 10 % de las escuelas y universidades en el mundo cuenta con polÃticas claras para regular el uso de IA generativa, según la UNESCO. Este escenario evidencia la necesidad de promover un uso seguro, equitativo y con propósito pedagógico.
“La conversación no deberÃa centrarse en prohibir o permitir la inteligencia artificial, sino en enseñar a niños y adolescentes a usarla de forma crÃtica y responsable. La IA puede enriquecer el aprendizaje, siempre que no sustituya la curiosidad, la reflexión o la resolución de problemas; de lo contrario, caemos en un ‘sedentarismo cognitivo’ que compromete el desarrollo intelectual del estudiante”, señala José Alberto Llaullipoma Romani, docente de la Facultad de Educación de la PUCP.
No existe una edad única para introducir la inteligencia artificial, pero sà condiciones esenciales según la etapa de desarrollo. Antes de usar herramientas de IA de forma autónoma, los niños deben consolidar aprendizajes fundamentales. Asà como una calculadora no reemplaza la comprensión de las operaciones básicas, la IA no debe sustituir el desarrollo del razonamiento ni la capacidad de estructurar el propio pensamiento.
Para evitar esta dependencia y desarrollar la autonomÃa necesaria frente a la máquina, la especialista recomienda las siguientes estrategias:
Fortalecer primero las habilidades básicas: Antes de apoyarse en la IA, es fundamental consolidar la lectura, la escritura y el pensamiento lógico. La facilidad con la que esta tecnologÃa genera respuestas puede reducir la capacidad de formular preguntas y el esfuerzo necesario para alcanzar una comprensión profunda.
Priorizar el acompañamiento de un adulto: En las primeras experiencias con IA, familias y docentes deben guiar su uso. Una exposición temprana y sin supervisión puede afectar la atención y el desarrollo emocional de los niños.
Introducir la IA como un apoyo, no como un reemplazo: La inteligencia artificial debe ayudar a potenciar el aprendizaje, pero nunca sustituir el esfuerzo cognitivo que requiere comprender, reflexionar y aprender.
Conversar sobre los lÃmites de la IA: Los estudiantes deben comprender que estas herramientas pueden cometer errores, reproducir sesgos y poner en riesgo la privacidad de sus datos.
Promover el pensamiento crÃtico frente a la IA: Más que consumir respuestas, los estudiantes deben aprender a cuestionarlas, verificar la información y contrastarla con fuentes confiables.
“La mejor edad para empezar no depende solo de un número, sino de la madurez del niño y del acompañamiento que reciba. La escuela y la familia deben enseñar que la inteligencia artificial es una herramienta que debe utilizarse con criterio, transparencia y ética”, añade Llaullipoma.
En esa lÃnea, el reto de las escuelas ya no es solo incorporar nuevas tecnologÃas, sino fortalecer una alfabetización digital crÃtica. Aprender a formular buenas preguntas, verificar información y tomar decisiones éticas serán competencias esenciales para el siglo XXI.