
Bogotá, 09 de Septiembre del 2026.– Vivimos en un contexto donde estar conectados a toda hora no significa estar acompañados. Aunque el acceso a entornos virtuales se ha consolidado como el espacio natural de interacción social para las nuevas generaciones, la dependencia a las pantallas viene ocultando un deterioro emocional profundo. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, la discusión académica y médica invita a analizar los riesgos de la hiperconectividad. La sustitución paulatina del contacto presencial por espacios digitales vuelve más compleja la detección temprana de cuadros depresivos o ideas de autoagresión, al quedar el sufrimiento relegado a la privacidad de un perfil o un mensaje directo.
Esta situación se torna crítica cuando se revisan los indicadores de consumo tecnológico y salud mental en la juventud. Cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) confirman que más del 85% de la población joven urbana en el Perú utiliza internet todos los días, convirtiendo a los celulares y redes en el centro de su vida social. Sin embargo, esta inmersión constante coexiste con un escenario preocupante: la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el suicidio se mantiene como la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años en el mundo, un problema que encuentra nuevos factores de riesgo en el ciberacoso y la presión por encajar en plataformas virtuales.
A ello se suma la brecha de atención local, donde registros del Ministerio de Salud (MINSA) muestran que más del 70% de los jóvenes peruanos con problemas afectivos no llegan a recibir atención médica o psicológica a tiempo, lo que demuestra cómo la falta de contacto directo retrasa diagnósticos esenciales.
Para Carlos Flores Galindo, director de la carrera de Psicología de la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL), el camino no pasa por rechazar la tecnología, sino por entender la urgencia de construir redes de apoyo presenciales y genuinas: “Existe una falsa sensación de compañía en las redes que vuelve invisible el malestar de una persona. La pantalla permite mostrar una realidad que no siempre coincide con lo que alguien siente por dentro, y eso frena la posibilidad de pedir ayuda. Ante una fecha como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, necesitamos profesionales de la salud mental capaces de ir más allá del síntoma evidente y entender estas nuevas dinámicas de aislamiento. Desde la universidad formamos psicólogos orientados a crear espacios de escucha activa, donde el uso equilibrado de la tecnología y el contacto humano sirvan para acompañar a tiempo a los jóvenes”, explica el especialista.
Frente a esta realidad, el experto de UCAL destaca cuatro pautas fundamentales para proteger la salud mental y prevenir situaciones de riesgo en la era digital:
Con este análisis, UCAL reafirma su compromiso con la preparación de psicólogos preparados para responder a las dinámicas del mundo actual. Mediante una perspectiva humanista e interdisciplinaria, la institución promueve profesionales capaces de diseñar proyectos de prevención, velar por el bienestar emocional como un derecho prioritario y articular redes de contención efectivas en un contexto hiperconectado.